Luis Pérez-Oramas: En los años 30, Reverón dejó de pintar paisajes y enfocó su atención hacia una serie de obras figurativas de amplio formato, en las que representó desnudos femeninos reclinados en idílicas esceno grafías arcádicas –La Maja Criolla es una de las más importantes de estas obras. Las figuras aparecen moduladas por sombras. Pero la luz tropical es aún evidente en el fondo –en las violentas pinceladas blancas que se observan en un ángulo de la escena.
Si vemos con atención podemos distinguir tres […] figuras –una mujer, reclinada sobre su costado, detrás de ella la vaga figura de un hombre acostado…también una mujer de cabello oscuro sentada a la derecha en lo que parece un taburete, o un tambor. El hombre luce en su cabeza un adorno con plumas y flores –quizás una referencia a la iconografía indígena. Es difícil conocer con exactitud la intención de Reverón en esta obra. Algunos han asociado esta figura masculina con el propio artista. En ese sentido, el cuadro representaría a Reverón en su paraíso personal. Pero también pudo Reverón referirse a la idea de las razas que se mezclan–indios, blancos, negros- para producir el mestizaje americano, un tema muy popular entre los artistas de América Latina en aquel tiempo.
Reverón (Actor): “…[Yo] estaba metido en buscar la belleza más allá de la simple imagen que representase la figura humana,… figuras magicas, más allá de lo que en verdad son. Para mí la realidad debe ser una constante creación de luz y de colores.”